Identidad Nacional: Eligiendo entre el pasado, presente y futuro

por Mente Blanca



Todos venimos de algún lugar. Para la obra teatral del 27 de Febrero creada cada año por los alumnos de 3ero, 4to, 5to y 6to de secundaria, nosotros los estudiantes confeccionamos y tomamos prestado docenas de pláticas y frases patrióticas que dan a todos los participantes y a la audiencia unas buenas dos o tres horas de gloriosa lealtad y amor por nuestro país durante el evento. Y aunque reaccionamos más por la emoción y éxtasis de una competencia que por el fervor causado por la oratoria inspiradora, es digno prestar atención a estos pensamientos y preguntarnos qué tan relevantes son para nosotros. Todo el amor por la patria que se puede expresar se debe a que es nuestro origen. Nuestro origen está ligado inherentemente a nuestro ser y define quiénes seremos. Por eso deberíamos amar a nuestra patria: es el origen que nos ayuda a conocernos a nosotros mismos.

Pero ese no es siempre el caso, porque siendo realistas, este país es difícil, es duro de sobrevivir y gozar para la mayoría de los que vivimos aquí. Puede que muchas veces su miseria nos cause profundo dolor o indignación. Esto es porque realmente, por más que nuestro origen está inmutablemente ligado con alguna tierra, una persona, o un objeto, lo que más nos importa es el aquí y el ahora. Nos importa el presente, queremos vivir vidas pacíficas y placenteras, queremos darles el paraíso a nuestros hijos, sin importar donde sea.
Por eso es difícil luchar y defender a la patria. ¿Estamos dispuestos a sacrificar nuestras propias vidas por ella? ¿Todo por un futuro incierto? ¿Estamos realmente dispuestos a sacrificar nuestro presente, en nombre de un atesorado pasado, para conseguir un futuro inseguro? Realmente no lo sé. Lógicamente, luchamos por una nación para conseguir una vida mejor, lo que implica que nuestras vidas, y la vida ideal que todos anhelan, tienen mayor prioridad que la nación en sí misma.

Algunos años atrás, de camino a una playa en un día feriado junto a mi familia, pasamos por un pueblo tranquilo, Sabana de la Mar, me dijeron que se llamaba. Mis padres me contaron que mi difunta bisabuela, Abuela Aida como le llamábamos, había crecido allí. Admiré todo lo que me rodeaba. Era un lugar demasiado sencillo, pero ahora llevaba un peso para mi. Aquella mujer que yo conocí en sus últimos años de vida, de la que crecí oyendo historias de su fuerza y cariño, pero que ahora estaba reducida a un cuerpo prácticamente inmóvil, carente de dentadura, con necesidad de pañales, y que olía francamente mal, por lo que nunca disfrutaba estar demasiado cerca. Nunca la amé, porque nunca la conocí, nunca pude saber qué cosas le gustaban u odiaba. Para mí, no era más que una carga. Pero qué conmovedor era el cariño con el que la atendía mi abuela, y con cuánto amor le daba de comer o le cambiaba las sábanas… Y aquí estaba yo, en el futuro, volando por las calles de su historia, las calles de su niñez. Nunca lo merecí. ¿Cómo es que una vida puede ser tan compleja, pero a los ojos de otros ser percibida de manera tan fracturada? ¿Cómo es que años llenos de vida y de un disfruto idílico se desvanecieron en interminables horas de dolor y vergonzosa dependencia, y finalmente en olvido?

No puedo negar que estos pensamientos me persiguen cada vez que se habla de patria, de origen. Esa mujer, esa pobre y feliz niña y esa quebradiza anciana, no la puedo olvidar. Ella es parte de mi origen. Dios me dió el privilegio de conocerla, ella es una parte indispensable de quien soy al día de hoy. ¿Sería su trabajo en vano si me largo de este país, luchando egoístamente por mi futuro? ¿Debo dejar a cada vida su dolor y su gloria y ocuparme de la mía? No tengo una respuesta dogmática a eso, pero sé que moriría por un pequeño pueblito llamado Sabana de la Mar, y nada más me importa.

2 comments

  1. Sencillamente me tocò mis màs ìntimos pensamientos, me hizo reflexionar y pensar en mis propios ancestros que dieron todo y muchos de ellos su vida por amor a la naciòn de la cual hoy yo disfruto, sin haberla ni siquiera sufrido ni por un poco de tiempo. ¡Excelente reportaje!

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    1. ¡Eso es verdadero patriotismo! Gracias por siempre apoyarnos.

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