No es moda, es herencia


                            por Mente Lila y contribuidores externos


A pesar de lo que dicen muchos, el cabello no es solo cabello. En la República Dominicana se clasifica el cabello en dos categorías: “bueno”, si es naturalmente lacio y “malo”, si es rizado, crespo o una combinación de esos dos. Si tienes el “pelo bueno” eres considerado privilegiado y hermoso; si tienes el “pelo malo” representa un problema, es feo y vergonzoso, por lo cual debe ser escondido y alterado. 

Por consecuencia, surge lo que es la discriminación y un rechazo que es inherentemente racista, porque las facciones eurocéntricas son el estándar celebrado y las facciones de color son marginadas. Esto afecta la auto-percepción desde que eres pequeño, pues inculca en ti hacia ti odio y menosprecio si naciste con el “pelo malo” y debes aspirar al “pelo bueno” para ser aceptado. El cabello rizo, entre muchas cosas es considerado: feo, descuidado, antihigiénico, poco estético, correspondiente a personas “locas”, “de la mala vida”, o “pobres”.

¿Por qué pensamos así? ¿Por qué los dominicanos tienden a negar su herencia africana? ¿O solo somos mezcla de españoles y taínos? Esta mentalidad ignorante debe terminar. En el país se está viendo un auge de personas que se han atrevido a llevar su pelo en su estado natural, a desafiar las normas, los estereotipos y los estigmas para revelar este hermoso mensaje: no hay errores en tu diseño. No necesitas rechazarte ni obligarte a ser quien no eres por temor. Tener el pelo naturalmente lacio, rizo, crespo o en cualquier variación está bien y ninguno está sobre el otro. Así tal vez en un futuro no tan lejano seamos capaces de afirmar con seguridad que el cabello es solo cabello y que en República Dominicana no existe racismo ni discriminación basado en la textura del cabello.

En LOGOS tenemos personas que se han atrevido a abrazar su herencia, su diseño y ser ellos mismos, buscando desmentir estereotipos, promoviendo el empoderamiento. Algunas de ellas hoy nos comparten su historia.


Prof. Jenifer
"Somos una creación singular"


Romper con los paradigmas sociales va más allá de lo superficial, cuestiona tu esencia misma como ser creado, de aceptar tus diferencias, que así como las huellas dactilares son distintas unas de otras y son únicas, ha sido la misma intención de ser detalladamente concebidos, podemos tener similitudes faciales, pero somos diferentes.
Aceptar estas características puede llevarte en el viaje de entender los propósitos como parte de una creación singular y es por eso que he amado mis rizos, y este viaje no lo empecé sola, acompañada de gracia y sacudiendo los tabúes. 
Mi hija ha experimentado los mismos beneficios de amarse como es y vivir bajo esos estándares divinos de reconocer que nuestro diseño es perfecto.



Indhira 

Estudiante 

"Rizos: mi viaje"

Siempre me he avergonzado de mi pelo. Sentía la presión que muchos ejercían sobre mí, haciendo comentarios hirientes como, "ay niña, qué pajón tienes" "Pero ¿y tú no te peinas?" Incluso mis sentimientos hacia mí eran hirientes, pues quería que mi pelo estuviera totalmente lacio y brillante. Odiaba esos fines de semana en los que no me daba el tiempo para ir al salón y claro cuando el “frizz” decía presente. Un día vi que una de mis amigas se cortó TODO su pelo para volver a su pelo natural y recuerdo que estaba traumatizada. Un tiempo después estaba en el salón a punto de laciarme el pelo como todos los sábados y decidí observar mis tan odiados rizos. 

Tengo para decir que noté como algunas secciones de mi pelo no se rizaban y entonces ese día decidí no secarme el pelo. A partir de ese día, inicié a valorar mi pelo y ahora, mis rizos están saludables y ¡cada vez más definidos! Descubrí que el pelo tiene distintas texturas y que hay productos que tu pelo "odia". Me emociona cada día conocer más de algo que es parte de mí, mis rizos. 

Muchos dicen que tener el pelo rizo es más sencillo que ir al salón, JAJAJAJA pues no; el pelo rizo requiere cuidado, amor, dedicación, actitud y TIEMPO. 
#SéNatural #SéTú 
#SéRizada



María Laura 
Estudiante 
"Naturalmente rizada"

Desde pequeña he tenido el cabello rizo. Generalmente el cabello rizado es muy de discriminado. Hay personas que piensan que cabello rizo es un cabello muy hermoso mientras que otros piensan que el cabello rizo es un cabello que no se peina por lo tanto es un cabello que no vale la pena.

Personalmente a mí siempre me ha gustado mi cabello rizado. Hay personas que me comentan que es un cabello muy hermoso mientras otros me preguntan, "¿es que tú no te peinas?" 

Antes me afectaban mucho los comentarios cuando me decían que "me peine", que "siempre estoy despeinada", que "me haga una cola o una trenza", que "me pase el peine por la cabeza" y comentarios parecidos. 



Muchas personas me decían que mi cabello era feo, pero a medida que pasaba el tiempo yo me fijé que las personas que me decían que mi cabello era feo solamente lo hacían por envidia. Generalmente las personas que me lo decían no tenían el cabello rizo mientras que otras también me decían "qué lindo es tu cabello", "quisiera tener tu cabello”, ”eso es una bendición, mira nunca lo pierdas hay personas que pagan mucho por ese cabello que tú tienes" entre otras cosas... 

Como vivimos en un país tropical muchas personas tienen el cabello rizo y es normal venir a una isla y ver personas con cabello rizado, sin embargo por estilo de moda o por presión de grupo las personas que tienen el cabello rizo deciden cambiárselo y ponérselo liso y ser una más de las muchas personas que tienen el cabello liso.

Nuestro estilo debería ser un estilo en el que nos sintamos cómodos con nosotros mismos. Si yo tengo el cabello rizo y me lo quiero poner liso no tiene que ser porque otras personas me lo pidieron si no porque personalmente a mí me gusta como me queda liso. En el mundo casi todas las personas quieren ser iguales y Dios nos creó a todos diferentes.

Porque muchas personas tengan el cabello liso no significa que yo tenga que ponerme pelo liso también, siempre es bueno tener un balance en la vida; porque al final de cuentas ¿por qué todos quieren ser físicamente iguales si en personalidad todos somos diferentes?




Gina

Estudiante

"¡Pajonúa y orgullosa!"

Muchos me preguntan, ¿qué inspiró a dejarme el pelo natural? Sobre mi transición, ¿qué estaba pensando cuando me corté el pelo? ¿Me dolió? Y, ¿cómo reaccionaron las personas? Primero estoy más que feliz por tener mi pelo natural, ya que es una manera de yo aceptarme, rechazar los estereotipos de belleza y ser yo. Tal y como Dios me creó. El tener el pelo natural es un viaje con todo tipo de emociones y sobre todo muchas opiniones. Cuando era pequeña siempre veía que la mayoría de las niñas tenían el pelo suave y lacio (“bueno”) y yo áspero.

 Se me hacía muy doloroso peinarme, ya que me dolía demasiado y soy muy cobarde (a sinceridad). Odiaba que me peinaran y mami decidió texturizarme el pelo (el famoso alisado) y al principio mi pelo se veía bien bonito pero como dice el dicho "el que quiere cabello bonito, aguanta jalones". Tenía que estar siempre en el salón, todas las semanas, no mojarme el pelo y eso era, honestamente, una zozobra. No entendía por qué tenía que tener tanto cuidado con mi pelo y eso me cansaba. Con el tiempo mi pelo se puso bien débil y me lo cortaban para que estuvieran saludables pero nunca se ponían saludables. Y como cosas de la vida me comenzó a gustar el pelo natural y lo intenté por 1ra vez en el 2011. Decidí dejarme el pelo natural y, ¡no aguanté para nada! No estaba preparada mentalmente. Cuando veía ese pelo “empajonándose” me daba una crisis y le dije a la salonera que quería mi pelo como antes. 

Así retrocedí en el proceso de recuperar mis rizos... Pero luego de eso la gente siempre me decía "¡ay, pero déjate crecer el pelo!" y y les respondía, “more, ojalá me crecieran, pero ellos no me crecen… ¿Cómo le ganamos a Cuba?” 

No fue hasta el 2016 cuando mi pelo estaba en su mejor momento (hasta me creció y todo). Pero nada dura para siempre more. Mi pelo literalmente se me caía y se quedaba en mi hombro. Una vez que fui al salón y en el desenredo, el cual fue muy suave, nada de asperidad, se me fue 1/4 parte del pelo y yo misma en desesperación decidí dejarme de texturizar. Fueron muchos los momentos que entraba en crisis porque estaba calva de un lado de la cabeza y me tuvieron que recortar como una doñita. Imagínense una en su edad de quinceañera. La gente tampoco ayudaba con comentarios mal sanos como: "En verdad no te queda ese corte, déjatelo crecer porque te ves muy mal y no te ofendas". Y ofender era lo primero que hacían. Me recomendaron usar trencitas de dos (si te recuerdas de mis feas trencitas, ya sabes por qué). Los comentarios mal sanos no me dolían, me daban igual. El problema era cuando yo misma me ofendía y me recordaba de todo esos comentarios improductivos
. 

Mi mamá es y fue mi mano derecha en este gran viaje. Para verano del año pasado ya tenía la 1/2 de la cabeza natural (y lo mejor era cuando me la lavaba y sentía esos ricitos, que fueron mi esperanza para seguir en medio de la tormenta) y le decía a mami que me dejara cortarme (y ella nada de nada, porque “me vería como un varón”). Cuando entré al colegio en agosto del año pasado y vi a Magdiel con su pelo rizo, ¡encontré apoyo! Así en enero hice el gran corte. Me sentí liberada, como si me hubieran quitado una gran carga. Me sentí tan feliz, que es difícil explicar.

Pero ahí fue que vino el mambo. Mi familia aparte de mi mamá y mi papá no lo aceptaron y me comenzaron a criticar. Y a persuadir de volver al salón y ponerme el “pelo bueno” (NO EXISTE PELO BUENO O MALO, ES CABELLO Y PUNTO). Hubo una vez que una persona bien cercana a mí me dijo "Gina, me avisas para hacer una recolecta para ir al salón porque ese pelo..." Mi mamá se molestó muchísimo pero se lo dejamos al tiempo. A parte de eso mas personas me comenzaron a comparar mi pelo con el de otro, y aún siguen pero los he podido sobrellevar. No tengo mi pelo 100% natural sino que sigo en transición. Aunque he buscado mucha información aún sigo conociendo mi pelo y ofreciéndole mucho amor. 



He aprendido a amarme y aceptarme. Aceptarse, respetarse y amarse no es una decisión que se toma una sola vez (y no viene ese amor propio de la noche a la mañana) sino una decisión constante. Me pone muy feliz el que valió la pena cada sufrimiento ya que estoy en la recta final y cuando miro atrás puedo reconocer lo mucho que he evolucionado. Cada día admiro más la grandeza de Dios en los diferentes cabellos de las demás personas y me encuentro todo tipo de pelo hermoso y perfecto. Ya no era como antes "cabello malo", " cabello medio malo o bueno" o "cabello bueno" sino que puede ser 2a, 3b, 4a, 4c, entre otros. Estoy dispuesta a aprender más y aún tengo mis momentos tristes pero aún así agradecida siempre more. Mi pelo ha crecido demasiado rápido y saludable como siempre quise. 

Si te quieres unir al reto, ¡NO LO HAGAS POR MODA! LA MODA PASA. Hazlo para ti, porque te mereces conocer, amar y cuidar tu pelo. Y no tienes por qué hacerte el “gran corte” de una vez. Puedes hacerlo como yo, ir cortando de poco a poco y hacerte trenzas, lo cual ayuda mucho para proteger el cabello en la transición. No te desesperes si te haces el gran corte y el pelo aún no está 100% natural. Hay muchas personas que se hacen hasta 2 y 3. Yo pronto me haré otro gran corte y las trenzas, que tanto amo.


Magdiel 
Estudiante 
"¡Mente a na'! Pon tu mente en modo quita'o de bulla"

Mi mamá siempre ha sido una abanderada de ser seguro de ti mismo, sentirse bien y enfrentar la vida con un carácter fuerte pero gentil. Ella es la persona que más admiro y toda la vida me ha inculcado la fuerza de voluntad y la afabilidad de espíritu, llevándome de la mano durante todas mis turbulencias, desde las que pueden parecer insignificantes y vanidosas como lo es el cabello. Sin embargo, considero que está lejos de ser un tema vanidoso e insípido, pues es un factor que produce alabanza y aceptación o discriminación e inseguridad.

 Desde pequeña reconoces si has nacido con el cabello equivocado, es decir, el cabello “malo”. Mis compañeras de clase y mi mamá son lacias, y mi mamá cuenta como una vez me acerqué a ella y tomé su pelo en mis manos, poniéndolo sobre mi cabeza, diciendo, “mami, quiero ser bonita como tú. Quiero tener tu pelo”. Esto le partió el corazón y buscando mi estabilidad emocional, decidió llevarme al salón. No la culpo, porque en tiempos pasados no se tenía toda la información para cuidar todo tipo de pelo que ahora existe y lo común es que quien nacía con el “pelo malo” se le llevara al salón. Así comienza mi historia, desde los 2 años hasta los 16 estuve yendo al salón religiosamente todas las semanas. Mientras comencé a crecer, me enfrenté a los comentarios de las personas. Me decían cosas como, “¿a quién saliste así? Porque tu mamá tiene el pelo bueno…”, “eres bonita, pero tienes el pelo malo”, “¿y esa greña? Debes ir al salón” que venían esporádicamente. Recuerdo una vez en el 2016 cuando, durante una clase de voleibol, una compañera se me acercó y dijo, “¿has considerado alisarte?” Todo este tipo de comentarios me hacían sentir inadecuada, y convirtieron el salón en una esclavitud. Ir a la playa o ir de viaje eran situaciones de crisis, porque no podía enfrentarme a mi textura natural. Llegó a producir un nivel tal de ansiedad que un día decidí que debía accionar pues no podía seguir así. No podía seguir alimentando una mentira, no podía seguir aceptando rechazo hacia mí misma, no podía seguir perpetuando estigmas ni viviendo a costa de lo que otra persona pensara de mí. Quería llevar el pelo natural, con orgullo, honrando mis raíces y levantando una bandera blanca en la guerra por mi pelo y hacer las paces con mi diseño. 

Algunas personas piensan que corté todo mi cabello impulsivamente y que "me volví loca", pero la realidad es otra. Duré más de un año pensando en dejarme el pelo natural, porque conocía bien las connotaciones socioculturales que conlleva el pelo natural en mi país. Sin embargo, todo ese tiempo tuve el increíble apoyo de mi prima, mi mejor amiga y de mi mamá, que me decían que me atreviera a lo que yo quería sin miedo a los demás. En el verano de 2017 me fui de viaje sola con una amiga, y allí todo culminó. Se me presentó la oportunidad de realizar aquello que estuve pensando por un año, por lo cual llamé a mi mamá y le conté lo que quería hacer. Ella, como siempre, se lo encontraba magnífico siempre y cuando yo estuviera cómoda y comprendiera que requeriría actitud llevar el pelo natural. “¿Estás lista?”, me preguntó. Lo dijo porque sabía que comentarios no faltarían. Sin embargo, fue una decisión que tomé para mí y ya no iba a dominarme más por opiniones ajenas ni me atriburía las etiquetas racistas que me acomplejaron por mucho tiempo. Lo haría para mí y no para los demás.


Así fue que en Julio 13 del 2017 decidí hacer el gran corte, y cuando digo gran corte, es gran corte, y lanzarme al viaje de recuperar mis rizos. Cuando publiqué mi foto en Instagram, comencé a recibir muchos mensajes, las reacciones fueron muy variadas. Algunas personas hasta me llamaron, diciéndome que todos estaban hablando de mí. Muchos me preguntaron por qué lo hice, otras personas me llamaron valiente, algunos se inspiraron y también decidieron dejarse sus rizos. Sin embargo, hubo quienes preguntaron si estaba loca, le dijeron a mi mamá que si lo hice en rebeldía, que parecía un varón, que me veía mal, que por qué había adoptado esa “moda” y esperaban que fuera solo una “fase”. Estas reacciones no me entristecieron pero la realidad es que me sorprendí, pues tomé una decisión para mí misma y no esperaba que tuviera las repercusiones que tuvo. Ahí comprendí que todo lo que hacemos realmente acarrea consecuencias y que nuestras acciones o palabras tienen el poder de contagiar a las personas con amor y aceptación, en vez de crítica y opresión. Ya casi cumplo un año y en todo este tiempo jamás me he arrepentido de mi decisión, aunque ha costado y no ha sido nada fácil. Los comentarios negativos a veces todavía se presentan, pero mi perspectiva ya no es lo misma y no cambio ese sentimiento de libertad y aceptación que alcanzo al aprender a quererme como soy. Es un proceso de desaprender estigmas y mentiras, para conocer paz y libertad.

 En un futuro, a mis hijos, les enseñaré la libertad de abrazar tus raíces y aceptarte como eres, sin hacer algo pasajero como tu físico el centro de tu identidad. Esto es importante porque muchas veces, tu estado anímico y tu auto-percepción influyen en cómo te relacionas con los demás. Les enseñaré que aprendan a quererse y sea que se corten el cabello, lo porten largo y lacio, rizado, en trenzas o en pelucas, que sean decisiones provenientes de un corazón lleno de amor, no lleno de temor y odio. A mi mamá hoy le doy gracias, gracias, gracias, porque todo esto me lo enseña ella cada día. Tu belleza proviene de un carácter resiliente, fuerte y seguro, lleno de amor, paz y gentileza. Como siempre me dice ella, “no dejes que nada te quite tu paz”. Ella me ha apoyado en todo este proceso, desde que me corté bajito hasta cuando quise hacerme las trenzas estilo box braids, sin importar su connotación cultural, porque solo así cambiamos el status quo: no viviendo de lo que dice la gente cuando lo popular es la mentira, no conformándonos, no temiendo y no buscando ser como los demás, sino atrevernos a vivir vidas íntegras, seguros de nosotros mismos y felices en la diversidad. Todo esto proviene de un diseño divino, que es perfecto, que es bueno, que es digno, que no es accidental sino providencial. Ahora te invito a ti a que no vivas con temor, ¡sé tú, sé libre! Mente a na’ y pon tu mente en modo quita’o de bulla.

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