Perspectivas



Hoy compartimos con ustedes algunas perspectivas, reflexiones producidas por integrantes de nuestra comunidad en diversos roles: profesores, graduados y estudiantes. 
"Todo Ayuda a Bien" nos cuenta un poco de lo que la profesora Sofía Sosa Fontela ha aprendido al mudarse al país desde Argentina.
"La Vuelta al Logos en 5 Minutos" es de una graduada de Logos, Laura Sosa (Daleun 2015), que nos visitó y compartió sus impresiones al volver al colegio. 
Para acompañar, tenemos dos playlists con el tema expresado en Romanos 8:28: "Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados." 
Finalmente, una estudiante actual que ha decidido publicar bajo el sedónimo Pichin reflexiona sobre el cambio en "Displicencia"

Todo Ayuda a Bien
por Sofía Sosa Fontela

Hace siete meses que estoy residiendo en el país, en los cuales he recibido tantas cosas buenas de la mano del Señor, y puedo decir “tantas cosas buenas” porque como cristianos, sabemos que a los que aman a Dios y son amados por Él, incluso lo indeseable, lo incómodo o las vivencias que toda persona quisiera evitar, TODO ayuda a bien.
De todo aquello que he aprendido, deseo compartir el aprendizaje práctico que más llenó mi corazón en este tiempo y el cual no quiero olvidarme nunca. Es la realidad palpable de que Cristo es suficiente para mí, que Él es mi todo.
Antes de llegar al país, este conocimiento solo era intelectual para mí. No quiero ser mística, ni decir que el país tenga algo especial; sino que el hecho de mudarme fue el medio que el Señor utilizó para aplicar este conocimiento a mi vida.
En los cambios que he experimentado, pude ver la mano del Señor en todo, obrando para bien. El Señor trajo diversas circunstancias para que lo conozca de una forma más profunda y personal; e ir puliendo mi carácter cada día, para que crezca en la semejanza de Cristo.
Aprendí (y todavía sigo aprendiendo) a confiar en la provisión del Señor para cada día, para cada necesidad; me ha dicho: “Bástate mi gracia”. Él me proveyó de una gran familia de la fe, de una iglesia de sana doctrina, de un trabajo el cual disfruto muchísimo, de amigos y hermanos en Cristo que me han demostrado que el amor filial es real; y que no importa la nacionalidad, la cultura y las diferencias, si es que Cristo está en el centro. Podemos ser uno en Él.
Sin embargo, no solo pude disfrutar de su provisión, sino de Él mismo. Fue un gran privilegio haber aprendido de forma práctica que puedo acudir a Él en TODO momento, los siete días de la semana, las veinticuatro horas de cada día; tanto en tiempos de gozo, como en tiempos de prueba. En momentos arduos, en el trajín diario, cuando no hay ninguna ayuda humana disponible, traía a mi mente lo que dijo Pedro “¿Dónde más iré, Señor? Y Él estaba ahí. Entendí que Cristo fue y es el único que puede satisfacer mis necesidades más profundas.
Puedo testificar de la fidelidad del Señor, de su cuidado paternal y su amor. Su provisión siempre llego justo a tiempo, como también Él mismo; ni un minuto antes, ni un minuto después. Con certeza puedo decir que a los que aman a Dios y son amados por Él, todo ayuda a bien. Me ayudó a bien conocer a mi Señor de forma más profunda. ¡A Él sea la gloria!



Fotografía de Dilean Muñoz



 


La Vuelta al Logos en 5 Minutos
por Laura Sosa

Regresar a Logos después de dos años de haberme graduado fue extraño. Todo sigue igual. Los profesores a quienes amo, quienes me guiaron los cinco años que estuve en el colegio, siguen aquí y continúan su labor con el mismo amor y la misma dedicación. Las aulas no han cambiado tanto (excepto por la de Ms. Laura, que ahora está menos desorganizada que cuando yo estaba en su clase). Las luchas que tienen los estudiantes siguen siendo las mismas.
Sin embargo, todo es diferente. Ahora hay electivas, una publicación estudiantil y un edificio para primaria. El curso de Ms. Laura no es tan frío como lo recordaba, hay profesores nuevos y nuevos roles que desempeñan. Quienes antes eran estudiantes, son ahora empleados. Mi promoción, Daleun 2015, ya no está aquí.
El aire en Logos está cargado con cierta nostalgia. ¡Cuantos recuerdos se crearon estando atrapados entre las paredes de este colegio! La pasa que alguien tiró al techo cuando estábamos en 8vo, las muchas ventanas rotas al intentar abrirlas porque hacía calor, los debates que tenía con el profesor Sigfrido sobre los roles de género, los “hotburgers” que improvisamos en una comelona porque nos quedamos sin pan de hamburger y sin salchichas de hot dog...
Las paredes que antes delimitaban el mundo en el cual me desenvolvía, ahora son solo un recuerdo no-tan-lejano de mi pasado. Cada curso representa un recuerdo creado, un momento vivido que quedará grabado por siempre en mi memoria. Volver a Logos, por más que me duela admitirlo (pues por años ansiaba el momento en el que partiría de aquí), es volver a mi segundo hogar.





Displicencia
Por Pichin

En conclusión, ni siquiera sin saber cómo, llega ese día en que te conviertes en algo más frío. Algo más sigiloso y cauto para empezar a recordar qué era eso llamado amor propio. No obstante, quienes están a nuestro alrededor no comprenden este necesitado cambio interior. Es así como sucede el encantamiento, es decir, los demás abren sus ojos y valoran que eras antes. Quien diga que las personas no cambian, se equivoca. Las personas no varían sus comportamientos ni cambian su personalidad de un día para otro como un abrir y cerrar de ojos. El transcurso del cambio es algo más personal, más paciente y hasta cadavérico porque más que cambiar, crecemos. Obtenemos ese resultado tomando una sana plenitud de conciencia de nuestras limitaciones y agujeros negros. Volverse frío no es una batalla perdida, es un sencillo modo de defensa propia porque la existencia no implica hacer frente a las dificultades cotidianas. Es necesario que seamos capaces de crear una metodología de supervivencia para ser los auténticos actores de este viaje. Un punto que debe estar claro las personas cambiamos por necesidad y para ser eficaces sobrevivientes. Sin embargo hay un detalle que es curioso, por ejemplo, cuando pasamos un tiempo sin ver a alguien y al reencontrarnos nos damos cuenta de su actitud, nos cuestionamos qué le habrá ocurrido, y es que las personas no hacen exageradas transformaciones ni es necesario hechos impactantes para cambiar, nos basta el rumor del día a día, las constantes decepciones de palabras dichas o no dichas, de las ausencias, de las partidas continuas y del darlo todo sin recibir nada. Son diminutos granos de arena que con el tiempo crean desiertos emocionales. Comenzar a darse el lugar que se merece para poder sobrevivir. Un corazón frío es una mente que se ha agotado de paciencia, es nuestra autoestima alzando la voz de alarma y el auto concepto corriendo y perdiéndose por la puerta de emergencia en la búsqueda de una solución. Ser fríos es el veredicto pasajero de las cacofonías de la vida, es sembrar la semilla del amor propio. Es posible que las personas que están más cerca de nosotros se den cuenta de ese cambio y se cuestionen qué ocurre y por qué razón. Ya no somos esos individuos solicitados y manipulables de antes. Es posible que comprender dicho cambio se sientan molestos al no encontrar esa llave en nuestros corazones donde antes abrían todas nuestras puertas para saciar sus caprichos. Las personas con el corazón frío han comprendido que las cosas no siempre son como queremos que hay que aceptarlas tal y como son y actuar en consecuencia. La vida no es justa y no siempre las personas son leales y respetuosas, percibamos que siempre será mejor pasar por alto lo que quiere tu corazón de manera que no seamos sacrificados. Cada experiencia de decepción cada chantaje y todos los vacíos acumulados ha hecho que se prenda frecuentemente el gorjeo de los pensamientos negativos en nuestras mentes. Después de haber llegado a la tranquilidad y ver las cosas desde la perspectiva del corazón frío, consideramos dos opciones, apegarnos a la propia negatividad o desinfectarla y a veces elegimos la segunda opción, es decir, muchas veces todo lo que se desvanece y muere en nuestro interior nos hace chocar con la realidad de un corazón frío y cauteloso que observa con delicadeza decide qué se queda y qué se va de nuestras vidas. Y lo creamos o no, no hay nada de malo en eso. ¿Quieres saber porqué? Porque cambiar es crecer y ganar en dignidad. Es un modo por el cual termina dando luz por nuestras cicatrices. Cuando te vuelvas frío las personas comenzarán a valorar quien eras antes.

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