Seamos confiados y felices

Mente Blanca

Nuestra sociedad idolatra lo externo, sea el dinero, la belleza física o la estética.
Estamos creciendo en un mundo que desde hace más de un siglo ha exagerado la predisposición que ya viene de fábrica en nuestra naturaleza humana para adorar la belleza, gracias a la industria del cine y a las revistas. Estamos bajo la impresión errónea de que nuestra identidad y como los demás nos perciben depende de la cantidad de acné en nuestra frente, nuestro peso, nuestro tipo de cabello, el grosor de nuestras narices, y una miríada de detalles insignificantes de nuestra apariencia; o quizás aspectos no tan concretos, como nuestra voz o forma de hablar, nuestra elocuencia, o qué tan talentosos seamos en alguna área u otra.
Y aunque todos estos son factores ciertamente influyentes en cómo somos percibidos, lo hacen de maneras diferentes a cómo la mayoría pensamos. En realidad, de forma directa solo nos afectan minusculamente, y más nos perjudican indirectamente, ya que muchas de estos defectos nos hacen inseguros y nos cohíben porque pensamos que la gente nos juzga severamente por ellos.
Realmente, todos viviéramos menos tensos y más tranquilos si pudiéramos echarle un vistazo a las mentes de los demás. Si la telepatía fuera físicamente posible, rápidamente nos daríamos cuenta de lo poco que las personas se fijan en estos detalles. Es más, con un simple ejercicio podemos llegar a la misma conclusión: piensa en tu mayor vergüenza en público y pregúntale a un amigo que haya estado presente si se recuerda de la situación. Probablemente no se recuerde, o dure mucho por acordarse. Y si esto deja dudas, simplemente pregúntale a un amigo cercano sobre una vergüenza que él o ella hayan pasado al frente tuyo. Te darás cuenta que, aunque talvez no lo hayas olvidado, apenas cruza tu mente, y que cuando lo hace no piensas menos de tu amigo o amiga.
La verdad es que somos seres muy complicados pero predeciblemente egocéntricos. Mientras nos preguntamos qué piensan los demás de nosotros, estos se preguntan lo mismo acerca de ellos mismos. No nos damos cuenta de los errores de los demás, sino de sus inseguridades. Así que las personas no se van a acordar de aquella vez que no sabías que decir en frente de la clase e hiciste una desastrosa presentación, pero si se van a dar cuenta si eres una persona que tiene temor de hablar por esta dificultad.
Así que no tengas temor de fallar, o de mostrar tus debilidades, sean físicas, emocionales o intelectuales, ya que, si tienes una buena disposición y no te atemorizas por ellos, no solo podrás vivir y actuar sin temor, pero podrás disfrutar y aprovechar de las oportunidades que te ofrezca la vida al máximo. Si aprendemos a manejarlas, nuestras fallas nunca definirán nuestro carácter, sino que nos hacen más fuertes y no van a herir la forma en que los que nos rodean nos perciban.

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