Laura Isabel Sosa F.
Regresar a Logos después de dos años de haberme graduado fue extraño. Todo sigue igual. Los profesores a quienes amo, quienes me guiaron los cinco años que estuve en el colegio, siguen aquí y continúan su labor con el mismo amor y la misma dedicación. Las aulas no han cambiado tanto (excepto por la de Ms. Laura, que ahora está menos desorganizada que cuando yo estaba en su clase). Las luchas que tienen los estudiantes siguen siendo las mismas.

Sin embargo, todo es diferente. Ahora hay electivas, una publicación estudiantil y un edificio para primaria. El curso de Ms. Laura no es tan frío como lo recordaba, hay profesores nuevos y nuevos roles que desempeñan. Quienes antes eran estudiantes, son ahora empleados. Mi promoción, Daleun 2015, ya no está aquí.

El aire en Logos está cargado con una cierta nostalgia. ¡Cuantos recuerdos se crearon estando atrapados entre las paredes de este colegio! La pasa que alguien tiró al techo cuando estábamos en 8vo, las muchas ventanas rotas al intentar abrirlas porque hacía calor, los debates que tenía con el profesor Sigfrido sobre los roles de género, los “hot burgers” que improvisamos en una comelona porque nos quedamos sin pan de hamburger y sin salchichas de hot dog...

Las paredes que antes delimitaban el mundo en el cual me desenvolvía, ahora son solo un recuerdo no-tan-lejano de mi pasado. Cada curso representa un recuerdo creado, un momento vivido que quedará grabado por siempre en mi memoria. Volver a Logos, por más que me duela admitirlo (pues por años ansiaba el momento en el que partiría de aquí), es volver a mi segundo hogar.

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