Las sendas hacia el éxito

hhhhhhh nnnnnnnn,,nnhhhhhhhhh,mjjjhhhjjDiscurso motivacional escrito por: Juan Sebastián Saviñón, estudiante de 3ro de secundaria.

Para introducir mi tema quisiera decir lo siguiente: los adultos nos subestiman a nosotros los adolescentes; es cierto, lo hacen. He sido consciente de todas las cosas que dicen: “ellos son despreocupados”, “a ellos solo les interesan las fiestas con amigos, los juegos, y las redes sociales”, “solo les importan ellos mismos”, “son irresponsables” inclusive. Pero ¿en quién recae la culpa? En los adultos.  “Eso es lo que ellos creen”, “ellos no saben nada”, sí, eso es lo que dirían algunos. Sin embargo, la verdadera pregunta es ¿qué le estamos mostrando nosotros a ellos? ¿Acaso estamos siendo responsables con la imagen que les dejamos de nosotros?
La verdad es que hace falta una disposición. He hecho una investigación. y a esta conclusión he llegado: la verdad es que nosotros los jóvenes—la mayoría—creemos que lo sabemos todo y lo merecemos todo; y mientras nos acomodamos y esperamos tranquilos jugando videojuegos o en las redes sociales a que nuestros padres se partan las cabezas todos los días y lo sacrifiquen todo por nosotros, y pensamos: “esto es genial”, “esto es tranquilidad”, “no pasa nada” , “yo tengo derecho a divertirme”, “esta etapa de la vida es para disfrutarla”. Vienen a mi mente las palabras que una vez me dijo mi madre: “Si no eres más responsable ahora, te será mucho más difícil cambiar cuando estés en la universidad”. Así que la pregunta es ¿qué hay que hacer para alcanzar el éxito? ¿Cuál es la clave? Lo que me gustaría compartirles hoy no es acerca de mi historia ni de nosotros como curso, sino de personas que me han rodeado en la vida y que me han marcado. Mi tema es lo que implica el éxito y se divide en tres puntos.
La primera anécdota que quiero compartir es esta: El éxito implica madurez. Mi hermana siempre ha sido muy dura consigo misma, desde que tengo memoria siempre la he visto muy dedicada y esforzada en todo lo que hace. No puedo, por más que quiera, olvidarme de aquella vez cuando hablé con ella aunque no fue muy larga la conversación, fue cuando estaba como en sexto de básica, recuerdo que hacía varias semanas que la veía haciendo tareas desde llegábamos del colegio hasta altas horas de la noche. Un día me vi con libertad de preguntarle: ¿qué es lo que estás haciendo? Ella me respondió secamente “tarea, lo que tú no haces”. En ese momento me daba igual lo que me dijera  ya que siempre relajamos de esa manera—pero no significa que no me dolió—, luego le dije “¿y tú no estás cansada? Descansa un rato”. A lo que me respondió: “¿estás seguro de que eso es lo que tengo que hacer, descansar?” Dio un gran suspiro y me dijo “déjame decirte algo: cuando te toque pasar a bachillerato; no, mejor, a la universidad, te vas a dar cuenta de que la vida no es un videojuego y que las responsabilidades no son para dejarlas a medias o para no hacerlas porque si lo haces, no solo te afecta en tu nota insignificante de ahora, sino que te afecta en tu futuro. Lo vas a entender cuando estés más grande”. Eso fue todo lo que me dijo, y aunque en ese entonces no le di la importancia que debía, con eso me dejó entender que para ser responsable hay que madurar, así como ella lo hizo a tan temprana edad. Por eso es esencial para alcanzar el éxito.
Ahora me gustaría pasar al segundo punto, el cual nombré: el éxito implica abandono. Mi primo no era de los estudiantes que sobresalían en el curso, sino que más bien era de los estudiantes que no se esforzaban mucho, es decir, era un irresponsable. Recuerdo aquella vez cuando estaba jugando Playstation en su casa y entró su madre (mi tía) al cuarto con una cara de “te voy a estrangular”, con un examen—que me imaginé en ese momento que había sacado de su mochila—y dijo en voz alta: “Examen mensual de ciencias: 65/100 y menos cinco por hablar en medio del examen”. Recuerdo que el rostro que tenía mi primo era como si le hubieran arrancado el alma a su cuerpo, me imagino que no tengo que explicarles lo que pasó después. Al fin y al cabo lo que pasó tras mucho ajetreo fue que mi tía le quitó el Playstation casi de por vida, y cuando digo casi de por vida, me refiero a casi de por vida literalmente. Pasó mucho tiempo para que mi primo y yo volviéramos a jugar juntos; hasta que, con el pasar de los años, veía cómo él solo manejaba su tiempo para jugar, hasta llegar a su graduación, y no solo se graduó, sino que lo hizo con honores incluidos. Aunque para algunos parezca  algo sencillo eso de abandonar los videojuegos, para una persona como mi primo fue bastante complicado. Esto debido a que al abandonar algo que te domina, no solo te superas, sino que vences eso que te retiene y que no te permite avanzar. Así que, el abandono es importante para alcanzar el éxito.
Al tercer y último punto que quiero compartirles le puse por título: el éxito implica una decisión. Mi padre siempre ha sido un hombre hecho y derecho, muy amable y amigable con todos, y el mejor padre del mundo. Él suele ser rígido cuando corrige, y paciente para esperar un cambio. Recuerdo la vez que me senté a tener mi primera conversación seria con él; él y yo no solíamos hablar mucho de este tema, ya que él no vivía conmigo. Ese día el colegio había llamado a mis padres para hablarles sobre mi desempeño escolar que, por cierto, estaba de peor en peor. Recuerdo las palabras exactas de mi papá ese día. Allí estaba yo, con cara de despreocupación diciéndole: “no soy perfecto”, pero él me dijo: “yo no espero que tú seas perfecto porque ni yo lo soy ni nadie lo es. Yo sé que tú puedes dar más, pero algo te retiene; por eso quiero que entiendas esto: las buenas notas no se consiguen solas, tiene que salir de ti el querer dar lo mejor de ti, no depende de nadie más. La vida no es todo juego, hijo, y aunque no lo creas, yo he estado en el mismo lugar que tú cuando fui joven y tuve que tomar esa decisión. No estoy diciendo con esto que fue fácil, porque no lo fue, y me tomó mi tiempo madurar y entender que la responsabilidad debía estar primero que cualquier otra cosa, y no te estoy diciendo todo esto solo para salir del paso contigo, o  porque tu madre me pidió que hablara contigo, sino porque te quiero y quiero lo mejor para ti, porque me importas. Sé que cuando crezcas te vas a recordar de esto”. Esas fueron sus palabras, más o menos, aquella vez. Ya ves, tiene que venir de ti, adolescente, la decisión de superarte para alcanzar el éxito.
Quizás haya algunos que digan: “bah, qué va, no me importa”, como también hayan algunos que digan: “él tiene razón”. Pero la verdad es que como adolescente me siento cansado de las opiniones negativas de los adultos hacia los adolescentes, porque ¡¡vamos!! ¿en serio? ¡Somos adolescentes, somos más jóvenes que ellos y tenemos más energías que ellos! ¿O acaso nos vamos a dejar superar por los mayores? Demostremos que están equivocados, demostremos que somos maduros y somos capaces de tomar la decisión de abandonar todo lo que evita que tengamos éxito y triunfar. Aunque el éxito viene con el fracaso, debemos perseverar hasta cumplir nuestras metas. Por eso debemos demostrar que somos adolescentes esforzados, orgullosos y exitosos.

1 comment

  1. Sencillamente estoy impactada con la clara lucidez de estas palabras. Que aliento y esperanza dan. Es una bendición ver como jóvenes pueden llegar a ver su camino, reflexionar y ajustar la mira a un futuro. ¡¡Excelente texto motivacional!! ¡¡Felicidades!! Lograste motivarme, alentarme, acongojar mi corazón y finalmente inspirarme. Dios siga usándote. ¡¡Buen trabajo!!

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