San Valentín.


El otro día platicaba con un amigo sobre parejas y amor. Y fue muy sorprendente que los dos concordáramos con lo siguiente:
1. El verdadero enemigo en una relación no es un individuo, es el tiempo. Ya que este no se puede parar, retroceder o cambiar. Este a su vez pasa y lo que hoy se conoce como presente mañana abra caducado. Cuando estamos envueltos por las alas del delirio del amor, ignoramos la circulación del reloj. Y juramos a nunca terminar, pero olvidamos que el amor no es para siempre. Ya que sin importar la razón, el tiempo pondrá todo en su lugar. La muerte puede acabar un amor, una circunstancia puede romperlo, una persona puede quebrarlo y todo esto paso en nombre del TIEMPO.
2. La vida es un teatro y nosotros somos los mejores actores. Siempre estamos fingiendo, ya sea emociones como actitudes. Y es así señores, el hombre es un actor por excelencia. Decidimos que facetas de nosotros mostrar al desnudó y cuáles guardar para sí. Y la triste realidad colegas es que nunca podrás conocer alguien al 100%, ni nadie te podrá conocer a ti, ninguna criatura mortal podrá hacerlo. Y este mal me lleva al tercer punto.
3. Nosotros somos una maquina de mentira diaria. Nuestro cerebro vive constante mente trabajando y creando películas en nuestra mente. Mientras estamos amarrados por el querer, tal vez consciente o inconscientemente ponemos a nuestra mente a inventar  expectativas. Y esta no solo se aplica en el amor, sino en todas las áreas. Sin importar las veces que ese sujeto halla mostrando partes de su Alter ego, moldearemos nuestra inteligencia a pensar de acuerdo a las expectativas que tenemos de aquel. Pasamos por alto lo que nosotros estamos experimentando, para producir una personalidad que vaya de acuerdo a cómo yo quiero que esa persona sea. Yo decido cegarme y forzó mi intelecto a ser una maquina creadora de falsedades.
4. Parecido a lo hablado, como sociedad hemos clasificado lo que es bueno y lo que no. Tratando de que cada ser viviente  encaje en cajas con etiqueta de afable o depravado. Como sociedad moldeamos a las personas a fingir, para que puedan mostrar su mejor versión, la que sea más comercial, cuando la verdad es que todos somos malos, crueles de naturaleza.
5. Andamos una vida con revólveres fantasmales. Cada ser humano está armado de ellos. Y cada vez que hablamos tenemos la potestad de apretar el gatillo y dar por muerto a otro humano. Tenemos la habilidad de poder ejecutar emocionalmente. Y lo más divertido es que juzgamos aquellos que físicamente agredieron una vida sin saber que detrás de nosotros llevamos miles de muertos en nuestros hombros. Cada vez que herimos, estamos sumando víctimas. 
6. Exponiéndose al mundo, es matar una relación. Puede que este cree repercusiones,  pero personalmente creo que  postear tu relación al mundo de las redes, en las que un solo “me gusta” queda vigente para todo aquel, imagínate una foto. Y créanme qué hay una diferencia entre tener tu relación pública y postearla online, ya que puedes mantener un vínculo en el cual no tienes que pretender tu soltería  y no tener problemas de mostrar tu estado actual  y aquí viene la diferencia en crear perspectivas en otros. Ya que le das el permiso a todo aquel de opinar en tu relación. Vivimos en la época de la libertad de expresión, cualquiera que se sienta en potestad de exponer ideas de tu vida amorosa, tiene el derecho de hacerlo. Con un solo click tu relación pasa de personal a colectiva. Volviéndose lentamente monótonas  y llegando a convertirse en costumbre.
7. Si ese fuera sólo el problema que viene cuando expones tu vida amorosa , todo sería como un fly al catcher, pero no, porque solemos asociar el afecto con lo material, como si esto último es lo que tuviera más valor. Y nos volvemos locos  por  quererle matar los ojos al terciario en vez de complacer al dúo primero. Y ya nos vemos comprando cosas que nuestros bolsillos no pueden asimilar para que “el terciario” no comente esto y aquello. Y lo más infausto de esto, es que ya nuestro foco no es agradar a mi amado, sino en encajar en los hashtags #parejaperfecta. Comenzando descuidar nuestra intimidad, en lo que ambos les apasiona. 
Finalmente terminó con una frase de Herbert Spencer “No se mide el amor por el número de caricias, sino por la frecuencia con que uno y otro se comprenden”. Me gustaría dejarles plasmados que “San Valentín” no es un día, sino debería ser nuestro lema cotidiano.

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