UN HÁBITO PERDIDO

UN HÁBITO PERDIDO
Por: Mente Marina

Un estudiante se sienta frente a su portátil a realizar sus deberes en un día de semana como cualquier otro. Cuando concluye, se gira hacia la ventana de su habitación y se da cuenta de que ya ha anochecido. Extrañado, toma su celular y al instante en que se fija en la hora, sus ojos se abren de la sorpresa: el reloj electrónico marca la medianoche. Cinco horas de su preciado tiempo habían transcurrido y de repente, ya ha llegado la hora de dormir.

Sin embargo, ¿a cuántos realmente no les ha ocurrido esto? Vivimos tan absortos en los quehaceres, actividades y compromisos del diario vivir que no nos percatamos de que el tiempo prácticamente pasa por encima de nosotros, dando un gran salto. Es decir, que perdemos la noción del tiempo; por un momento nos olvidamos de que existe. Por otro lado, tendemos a decir que este vuela por esta misma razón, pero la realidad es que nosotros somos los que permitimos que las horas y los días sigan su curso normal sin aprovecharlos como indudablemente deberíamos hacerlo. Nos sumergimos poco a poco en el ajetreo cotidiano sin contemplar la magnitud del daño que nos estamos causando.

Así que, tenemos urgentemente que detenernos, reflexionar y volver a aquellas épocas anteriores donde sabíamos apreciar un atardecer con nuestros propios ojos y no a través de una pantalla; donde recibir llamadas telefónicas no era un gesto extraño ni molesto; donde verdaderamente escuchábamos a alguien hablar con atención sin mantener los ojos adheridos a un dispositivo electrónico; y donde saludábamos con cordialidad al entrar a un recinto, en lugar de llegar como “perros por su casa”.

Hemos perdido todo esto, y más como sociedad, y comprendo que necesitamos desesperadamente rescatarlo antes de que crucemos la línea de la diferencia entre los animales y los seres humanos, o los seres humanos y las máquinas inteligentes. No dejemos que el afán permee nuestra cotidianidad, y que la aparente fugacidad de la vida se transforme en nuestra realidad por el resto del tiempo y días que nos quedan en este efímero planeta.

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